Para que luego digan…

A ver, empecemos por el principio, todo el mundo (y quien diga que no, miente como un bellaco) pasa por días depresivos, o esta bien y al encontrarse con alguien o acordarse de algo se le cae el mundo encima.
Normalmente, cuando esto ocurre, solemos recurrir a esa persona o personas de confianza que todos tenemos para desahogarnos y hacer que las tripas vuelvan a su posición normal.

La cosa es que, a veces, hay personas que sin conocerlas si quiera te reajustan el día y te ponen una sonrisa en el rostro, y más cuando son niños. Esta vez la situación fue así:
Vas andando por la calle, ves a una niña normal y corriente, quizás o poquillo pijoleta, de la mano de su madre y, de repente, esta pequeña suelta: “Mamá… ¿se puede saber por qué te quiero tanto?”

Ante eso, sólo una inevitable sonrisa… Para que luego digan!

 

(la foto la cogí de internet)

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Publicado el septiembre 26, 2011 en Personal. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Un artículo interesante! Voy a leer más en este blog más tarde.
    ¡Gracias por el comentario en mi blog/podcast!

    Bienvenido a mi blog don Gerardo de Suecia en esta dirección:

    http://turbeng.wordpress.com/

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